IDENTIDAD Y CULTURA

imperialismo-311Kantolibre N° 40

IDENTIDAD Y CULTURA

 

 

Quiero dedicar mis comentarios sobre medios, cultura y conocimientos a algunos problemas de la relación entre estos y la dominación sobre las personas y los países, como ella es ejercida en la actualidad…

IDENTIDAD Y CULTURA

 

 

Quiero dedicar mis comentarios sobre medios, cultura y conocimientos a algunos problemas de la relación entre estos y la dominación sobre las personas y los países, como ella es ejercida en la actualidad.

Desde hace varias décadas se rompieron las fronteras que impedían a sectores muy amplios el consumo de la llamada alta cultura y de variados campos del conocimiento. Los medios masivos de comunicación pasaron a desempeñar papeles decisivos en la divulgación de informaciones, temas, conocimientos e ideas.

Ese fue un paso muy importante, en cuanto formó parte de una democratización del consumo de parte de la cultura humana implicada o al menos la tornó conocida. Esa democratización ha brindado a muchos millones de personas las capacidades suficientes para conocer mejor, desear y reclamar el acceso a la dignidad humana la consecución de sus derechos a la vida, la salud, el trabajo, la educación, la igualdad de derechos y oportunidades.

Siempre se supo que una gran parte de las personas y los pueblos se les seguían y se siguen negando los adelantos referidos, que las represiones internas y las agresiones imperialistas consiguieron detenciones y retrocesos muy grandes que por supuesto con la ayuda de largos procesos de deterioro acabaron finalmente con los regímenes de Europa Oriental, hechos que liquidaron la época de la bipolaridad y sumieron al campo socialista en un fuerte desprestigio.

Una de las cuestiones centrales para el tema que buscamos generar una discusión, es que la dominación capitalista se reorganizó, a partir de no desconocer sus reveses y la existencia de aquellas premisas de avance de la liberación humana, y buscó obtener nuevas formas de consenso de la mayoría de los dominados; al mismo tiempo, utilizaba todos sus recursos de violencia, compulsiones y sobornos que estaban a su alcance y sobre todo fortalecía el poder y la exclusividad de sus relaciones materiales. Es decir, sobrevino una nueva fase del sistema de dominación, en la cual una modernización neocolonial y democratizada viabilizó la reformulación del consenso de los oprimidos. Y en la etapa más reciente el imperialismo ha retomado la iniciativa histórica.

En ese último período, sin embargo, se ha apelado cada vez más a la conservación prácticamente de todos los campos de la organización social. Eso sucede porque el capitalismo ha perdido sus banderas de progreso, desarrollo, libertad, democracia e igualdad de oportunidades. La promesa de la liberación socialista ha sufrido gravísimas derrotas, pero el capitalismo actual ya ni siquiera hace promesas.

La nueva tendencia se debe a dos causas principales: por una parte, las experiencias prácticas, los sentimientos e ideas, la cultura adquirida por los dominados, forma un potencial subversivo muy peligroso, que puede llegar a identificar bien a ese sistema como el enemigo, denunciarlo y enfrentarlo eficazmente. Por otra parte, la propia naturaleza del desarrollo actual del sistema imperialista, basado en la transnacionalización y las finanzas parasitarias, lo ha hecho pasar de la competencia a la exclusión, ha convertido en sobrantes a una parte de los trabajadores y una gran parte de la población mundial, doblega y debilita a las economías independientes y los proyectos nacionales,  le dicta al sistema el abandono de sus ideas de progreso y convierte la aspiración errada de dominar la naturaleza en la realidad del riesgo de acabar con el medio que vivimos.

Están en marcha una nueva colonización del mundo y el abandono de la forma democrática de dominación, es decir, el fin de dos pilares principales del equilibrio y el consenso del capitalismo de la segunda mitad del siglo XX.

Por eso, se ha vuelto vital para el capitalismo la guerra cultural que está llevando a cabo a escala mundial. Esta es una gigantesca operación de prevención de la rebeldías, que a la vez trata de ocultar y suplir la incapacidad creciente del sistema para satisfacer las necesidades perentorias de miles de millones, ni la aspiraciones de sectores modestos o medios, ni para mantener libertades y prácticas democráticas, auspiciar las iniciativas económicas, reconocer a las naciones y tolerar sus espacios propios. Se utilizan los más poderosos instrumentos y colosales recursos para controlar de manera totalitaria y eficaz la información que es consumida, la formación de opinión pública e incluso emociones, gustos y deseos.

El objetivo es homogenizar las ideas y los sentimiento de todos, de los incluidos de algún modo en el sistema y de los excluidos también, según patrones generales que garanticen su encuadramiento dentro de una cultura del miedo, la indiferencia, la fragmentación y la resignación. Es ejercer así una terrible y cotidiana violencia, aunque disimulada, contra los individuos, los diversos grupos y naciones.

En todo el campo de la comunicación, la dominación se lanzó a concentrar en sus manos la propiedad, las redes, las normas legales, las acciones gubernativas y la formación e ideas del personal, dándole un golpe mortal a la competencia y con la pretensión de lograr el fin del pluralismo de enfoques, informaciones e ideas y la difusión de los productos alternativos u opuestos a su dominio. La televisión, el video, el cine, la edición de libros y revistas y en gran medida la radio, están sometidos al más férreo dominio. El control y la intolerancia en este campo es una de las muestras más visible del franco retroceso de la democracia en el mundo.

Una nueva manera de ocultar consiste en mostrar masas de informaciones, en realidad seleccionadas, mediante instrumentos, temas, modos y agentes controlados. Se logra así trivializar los eventos que se presentan, aun los más horrorosos y se intenta que la gente, ya reducida a público, no desee conocer o no sepa buscar lo que no se informa. La democratización del conocimiento es mentirosa: ahora se le explica a los indigentes qué es el stress, o se brindan muchos datos sobre las incomprensibles bolsas de valores. Pero no se divulga el conocimiento del control monopólico establecido sobre las patentes de semillas, la proliferación de los transgénicos o la oposición del imperialismo a las medicinas genéricas. Ellos necesitan arrebatarnos los tiempos, quitarnos el pasado y el futuro.

La batalla del lenguaje está en el centro de la guerra cultural y no estamos ganándola. Suelen influirnos demasiado, como si no fueran letales para pensar y sentir con independencia los prejuicios instalados como requisitos previos a toda comunicación por ejemplo: las bondades de la liberalización o la ineficacia del estado, los términos dirigidos a lograr la interiorización de la dominación, el colonialismo mental.

Los nuevos pobres, informales o desfavorecidos, son producto del ajustes, apertura y reducciones de gastos de la economías y la sociedades subordinadas, debido a la supuestamente obligatoria globalización; los trabajadores pierden sus relaciones sociales y su talante se reducen a capital humano; los ladrones de las finanzas mundiales organizan ahora la lucha contra la pobreza; cualquier acto de intervención puede ser humanitario y las víctimas de las agresiones genocidas se transforman en daños colaterales.

El dominio material imperialista en este terreno es muy importante, pero lo decisivo para ellos es el dominio transnacional sobre las conciencias y los medios de pensar de las personas, sus deseos y sus sentimientos.

La fuerza de su superioridad material se impone en cada campo solamente mientras no se ponen en marcha en su contra las subjetividades motivadas, consientes y organizadas. El militarismo se rige por la alta tecnología, el poder económico, la fuerza de las armas  parece invencible hasta que aparece una resistencia capaz de promover en los sujetos oprimidos aquellos rasgos.

El aspecto económico es decisivo siempre en el mundo capitalista hipercentralizado de transnacionales, el control financiero e inmenso poder estatal debe predominar sobre las formaciones económicas, las políticas económicas y la soberanía de la mayoría de los países; pero si se logra tener conciencia, una voluntad política y organización suficiente, se puede resistir eficazmente al imperialismo.

A pesar de sus aventuras y su soberbia, triunfar en la guerra cultural es muy vital para imperialismo. Es cierto que su predominio y la ofensiva que mantiene en el campo cultural y mediático no se explican por sí mismo; estamos en una etapa en que es realmente bajo el nivel de confrontaciones y luchas de liberaciones a escala mundial, (en algunos lugares se notan reflujos de resistencias muy importantes). Pero también es cierto que la debilidad de la oposición al sistema constituye una parte muy importante de su fuerza, dados los límites que fijan la naturaleza actual del capitalismo y el potencial cultural de rebeldía acumulado. Precisamente en esta situación la resistencia y la creación de alternativas mediáticas y culturales es más factible que en otros terrenos y tomar conciencia, movilizarse y actuar a favor de una comunicación que defienda los intereses y las identidades populares, su derecho al conocimiento y a una cultura de justicia, la libertad y a la vida, pueden constituir pasos trascendentales en el cambio en la correlación de fuerzas y en la creación de autoconfianza, ideas y proyectos populares y revolucionarios.

Lo primero es ir más allá de lo que parece posible. En realidad, el trabajo intelectual no tendría mucho valor sino fuera capaz de irse muy por encima de sus condiciones de reproducción. En la coyuntura actual, solo voluntades actuantes y persistentes pueden enfrentar la gran diferencia que existe entre las fuerzas en pugna, pero al trabajo en este campo le es factible ser eficaz con recursos escasos y sin esperar a una circunstancia más favorable. Es preciso liberar al lenguaje y al pensamiento de las cárceles de la dominación. Hay que analizar bien y llegar a conocer la guerra cultural, encontrar sus puntos débiles y aprender a utilizar ese conocimiento no solo para denunciarla, sino para actuar contra ella a la vez que ir creando un campo cultural diferente y opuesto al sistema imperante.

Mil millones de personas en el mundo son analfabetos, dos mil millones están demasiado angustiados tratando de sobrevivir como para prestarle atención a lo que discutimos aquí. Pero ellos también deben formar parte de nuestras motivaciones y batallas, porque así llegaran a coincidir la exigencia moral y la fuerza suficiente, porque si se cede a la creencia fomentada por el sistema de que el mundo se divide en incluidos y excluidos, se termina aferrado a ser un incluido.

Liberarse de la dominación cultural es sumamente difícil, por eso hay que emprender el largo camino con instrumentos y valores apropiados y con tenacidad. Pero es ineludible crear desde el principio elementos de una nueva cultura de la liberación, por más débiles que seamos; se ha demostrado hasta la saciedad que son suicida las ideologías, organizaciones y poderes que pretenden posponer esa tarea para supuestas  etapas más favorables y creen poder construir las relaciones, mentes y corazones nuevos con los viejos materiales de la dominación.

La acumulación cultural lograda por la humanidad puede ser la premisa de procesos de concientización y preparación para la liberación, que sin embargo tendrán que ser muy originales y creativos para ser opciones válidas, debemos conseguir más temas procedentes, métodos convenientes, calidad, atractivos, ser realmente opuestos y diferentes a la cultura de los opresores y no solo opuestos a ella; salir de los ghettos en que nos colocan, a encontrarnos y reunirnos con tantos inconformes que sin  embargo tienen la sagacidad de no querer andar por los viejos caminos, construir coordinaciones cada vez más amplias y eficaces con los que realizan trabajos afines y con los mismos objetivos generales; participar efectivamente en la causa con que se simpatiza, donde se estime mejor, pero con las gente a enseñar y aprender en la actuación; ver más allá del horizonte del trabajo específico, explicarlo a los demás y ayudar a forjar instrumentos para formar más realmente autónomas de educación y concientización popular.

La contienda por los medios, la cultura y el conocimiento solo será eficaz si forma parte de una batalla mayor. La identidad es la identidad de lo que es diferente, la identidad no es un ser sino un saberse ser.

El consumismo es la forma actual de la corrupción, una corrupción de masa, con que las clases dominantes afirman sus privilegios: un goce sin estética, un pecado sin culpa.

El trabajo en este ámbito se nos presenta como una oportunidad histórica de contribución efectiva a la reconstrucción de un  proyecto social, cultural y político que logre combatir al neoliberalismo y aportar significantemente a la recuperación de una verdadera democracia.

El rol que debe cumplir la cultura va más allá de educar y brindar a un pueblo un momento de esparcimiento; para nosotros los revolucionarios también significa un camino expedito para llegar al conjunto de las masas y por ende entregarle nuestras propuestas y alternativas al modelo imperante en estos momento; he aquí una razón que los revolucionarios debemos recuperar el rol de la cultura que antaño ostentamos, no solo debemos ser generadores de espacios culturales y comunicacionales, sino que también tenemos que ser capaces de entregarle al pueblo las herramientas necesarias para que todos juntos no solo disfrutemos de las oportunidades culturales, comunicacionales y provocando además que se sientan y sean parte de la generaciones de estas.

Actualmente nos encontramos en Argentina y América Latina con una gran baja en los niveles de conciencia social y de clase del pueblo relacionadas con un descenso en el consumo cultural de la población tanto cualitativa como cuantitativamente. Esto se desenvuelve en un círculo vicioso que abarca desde el estímulo mínimo, la entrega de productos mediocres, el desinterés, la baja abismante en los niveles de lectura y hasta las dificultades de acceso económico para las mayorías.

Ello es la expresión clara de un dirigido fomento de la conciencia no crítica, del consumismo extremo, del oscurantismo frente a determinados pensamientos y de la mediocridad como hermana del lucro, la televisión se instaura como el principal y a veces único medio de “culturización”.

En este mismo sentido, en la lucha contra la cultura hegemónica, los trabajadores tenemos que ser parte del movimiento cultural en su génesis y en la participación de los espacios generados por ellos mismo, hoy las extensas jornadas de trabajo y los interminables desplazamientos y muchas horas de trabajo, impiden que el trabajador disfrute de un tiempo libre, lo que lleva a ser casi imposible que compatibilice sus horas de descanso y de dedicación exclusiva a la familia con tiempo para dedicarle a la cultura, luchas sociales, para ligar todo esto a los trabajadores, aparte de ir generando los espacios, debemos luchar para que todos los trabajadores de este país dispongan de un real tiempo libre.

El punta de pie inicial  para lograr la política cultural que necesitamos los revolucionario, es la realización de un encuentro nacional de cultura, en donde se discutan las propuestas y ponencias que lleguen desde los distintos lugares del país y nos impregnemos de las distintas realidades culturales que aquejan a los pueblos de nuestro país, concluyendo con un documento que sea la base de nuestras luchas culturales como creación popular.

Por eso tenemos ante nosotros un gran reto, si no más importante que el del compromiso intelectual, sí más necesario. El del romper el cerco mediático, romper el bloqueo.

Durante las clandestinidades de muchas organizaciones crearon lo que se llamaba los “equipos de pasos” .Eran comandos de militantes revolucionarios cuya función era que los líderes y militantes de diferentes organizaciones pudiesen atravesar fronteras. Ahora

También debemos crear “Equipos de pasos” para que el pensamiento, las ideas y las palabras, sonidos e imágenes que se enfrentan a este nuevo orden criminal, atraviesen los controles fronterizos interpuestos por los medios entre las gentes.

 

Félix Herrera

 

“Colectivo Avanzar por la Unidad de los Pueblos”

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