El barrio de Tepito: Pueblo mágico.

Por: Maclovio Rodolfo Fierro Macías 

Isanta-muerteI. Sobrevivir: La pinche magia de Tepito.

Petinni y yo nos despedimos de Poncho para ir a encontrarnos con Manuel en el Zócalo. Agarramos camino por la avenida que cruza todo Tepito y La Lagunilla, y cruzando esas calles, le digo a Petinni, –mira, aquí podemos conectar un gallo, ¿vamos? Me responde –sí, vamos, tú sabes. Agarramos camino por la calle Aztecas, donde ya he conectado años atrás, andando de roll. Nos metemos por la calle entre esos puestos de todo un poco.  Llegamos a un cruce de puestos. Llevo el radar alerta de juras y dealers. Cruzo con un dealer la mirada. me hace una seña y gesticulo que sí. Se levanta y se acerca y nos dice -síganme, es de la buenota. Le contesto –arre, y le presento a Petinni para que no se freakée. Avanzamos hasta el lugar donde el bato toca en clave en una puerta escondida entre puestos y negocios. Abren y entramos a una vecindad, seguimos y nos metemos a un cuartito, mientras pienso que todo está bien, ahorita salimos.  Ya dentro veo el montón de paquetes de mota, -un doscientón, exclamo. Saca un guato de mota, la pone en la pesa y la embolsa. Lo veo y le digo -mira carnal, no en mal pedo pero somos grifos, si me das más cantidad tal vez no de la misma calidad está bien. El bato me dice –va, carnalito, no hay problema.

En esas estábamos cuando tocaron la puerta de metal de la entrada a la vecindad.  Se asoma uno de ellos, y regresa diciendo -no habrán es un Pitufo. Volteo a ver a Petinni. Todo cambia en segundos. Los batos empezaron a agarrar los paquetes y salieron corriendo y brincando a los techos de la vecindad, mientras el jura sigue tocando la puerta más y más fuerte. Conforme vemos como van  saliendo gente de más cuartos y unos  escalando y desapareciendo entre los techos, con calma Petinni y yo en el fondo de la vecindad, que era prácticamente una ratonera en forma de “L”, Seguimos viendo como siguen escalando más chavos y chavas que salen de otros cuartos. Con calma subimos al segundo piso desde donde yo esperaba que se asomara el primer chota para saltar al tercer piso. Volteamos y vimos como a un señor mayor dos batos le estaban dando la mano para subirlo al tercer piso. Viendo esta acción le digo a Pettini -fuga de aquí.

Escalamos la barda y pegamos el brinco caímos en la vecindad de un lado, entre gente sacada de onda que nomás nos miraba. Bajamos las escaleras y uno batos que también habían brincado alterados decían -salgan uno por uno. Vemos como se lanzan separados. Petinni y yo esperamos unos segundos. Fue como un inhala-exhala para calmar la adrenalina, soltamos el aire y decimos vámonos. Al salir, un jurabasculeando a unos batos pegados a la pared. Nos pasamos al pasillo de en medio entre los puestos y agarramos camino donde de frente nos topamos a otro jura que ya tenía en la mira  a alguien y se le abalanzó. Con una sonrisa llena de nervios a cada paso  avanzamos sin ser detenidos.  Fue aquí que caí en cuenta que ir a meternos a un lugar así fue todo un albur, porque a Petinni lo esperaba su familia en casa y a mí Rayo seguro también me esperaba. Llenos de nervios y sin poder creer lo que acabábamos de vivir, seguimos caminado sobre la avenida principal, dejando atrás esta última  experiencia de practicar parkouren Tepito.

http://radiomarginal.org/2016/12/04/el-barrio-de-tepito-pueblo-magico/

 

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